Los famosos y sus costumbres en los hoteles

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Un hotel con rosas

Si hace unos días comentábamos cómo los hoteles españoles están habituándose a complacer a los turistas chinos, que cada vez tienen una presencia mayor en el país, en esta ocasión un estudio realizado por Jetcost revela que los hoteles también se están amoldando a las peticiones de los famosos. Las estrellas del cine, la televisión o el mundo de la música son cada vez más exigentes en cuanto a lo que requieren de los hoteles donde se alojan. Y estos hoteles, como es tendencia, tienen que acostumbrarse a las peticiones de los famosos, que al fin y al cabo no dejan de ser clientes VIP a los que cuidar mucho para intentar que hablen bien de ellos y repitan la experiencia.

El estudio de Jetcost desvela algunas de las peticiones más particulares que han hecho los famosos y que lejos de ser solo excentricidades con las que mirar de otra manera a las estrellas, pueden servir para que los hoteles estén al tanto de las situaciones con las que se podrían encontrar ante la visita de una super-estrella. Las cantantes en especial parecen ser algunas de las famosas que más peticiones tienen, convirtiéndose en difíciles huéspedes a los que satisfacer. La famosa y polémica Miley Cyrus, por ejemplo, tiene gustos especiales en cuanto a cómo debe recibirla su habitación. Esta es importante que huela a vainilla, y al mismo tiempo se exige que la decoración interna se encuentre adornada por un buen centenar de rosas rojas que destilen un aroma muy puro.

Sobre lo que debe acompañar a su minibar destacan barritas energéticas y productos importados de Estados Unidos, algo que puede llegar a ser complicado de satisfacer en algunos casos. Por ejemplo, Miley Cyrus consume un agua mineral determinada y también una leche de soja con sabor a almendra que le sienta bien y le gusta. La comida sana, con frutas, ensaladas o pescado de la región, también son de su gusto.

Un poco más extraña es Madonna, que no solicita rosas rojas, sino blancas. Además, exige que el inodoro de su baño sea totalmente nuevo y que cuando se marche del hotel sea destruido. Es una costumbre, por higiene personal y también por evitar que se vendan en subastas este tipo de productos en los que se ha sentado. También le gusta que apaguen las luces para poder ver las estrellas, aunque no es algo que todos los hoteles puedan satisfacer a la vista de lo complicado que es encontrarse con un cielo nocturno absolutamente claro.

Hotel con habitación adornada

En el caso de Lady Gaga, las rosas que prefiere pueden ser de varios colores. Una de las rarezas es que no le gusta ver las paredes, sino pósters de los cantantes que la acompañaron cuando era más joven y seguidora de ellos, como Elton John o Queen. Por otro lado, siempre tiene que tener dos habitaciones contiguas, una para ella y otra para su pareja, dado que nunca duermen en la misma. Es un poco caprichosa en cuanto al servicio de comida, dado que exige que siempre haya alguien a su disposición para prepararle lo que le apetezca comer.

Mariah Carey no tiene miramientos con la reserva que hace en el hotel donde se va a alojar. Se ocupa de asegurarse todas las suites del complejo y las reparte entre los miembros de su equipo. Una de ellas la convierte en un gimnasio, ya que es aficionada al deporte. Eso sí, en el gimnasio en cuestión solo puede sonar su música. Además, viaja con su mascota y le gusta bañarse no en agua normal del grifo, sino en agua mineral procedente de Francia.

Los famosos del mundo del cine también tienen sus rarezas para quedar satisfechos en los hoteles. Bruce Willis es un fiestero habitual y pide que dejen sus habitaciones bastante libres de mobiliario para, en medio de las fiestas, no romper nada. Por su lado, Julia Roberts solo come productos biológicos y cuando bebe agua mineral exige que no sea presentada en botella de plástico debido a lo que esto supone para el medio ambiente. Y dicen que el francés Gérard Depardieu exige que le permitan entrar en la cocina del hotel para curiosear sobre lo que hacen los chefs.

Con estas rarezas, curiosidades y exigencias para el servicio, es fácil apreciar que los famosos se convierten en clientes complicados para los administradores de los hoteles donde se alojan. Sí resultan un buen cliente, por el gasto elevado que realizan y la buena recomendación que puede suponer que hablen del lugar donde han estado. Pero en ocasiones las presiones que se imponen a los responsables de los hoteles son demasiado elevadas como para rentabilizar el esfuerzo. No obstante, también es cierto que algunas de las peticiones de los famosos son solo el reflejo de lo que cualquier otra persona haría si estuvieran en su situación.

Vía: ABC Viajar

Foto: Paul FlanneryJames Theophane

 

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