Knickerbocker Hotel, el regreso de un hotel de 1906

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Cuarto del hotel Knickerbocker

Este año 2015 reabre sus puertas uno de los hoteles más clásicos de Nueva York, el cual se inauguró originariamente en 1906, pero que a lo largo de las décadas ha sufrido muchos cambios. De hotel de moda para todos los públicos pasó a ser un edificio de oficinas y posteriormente albergó las dependencias de la revista Newsweek. El edificio está considerado como lugar histórico nacional de Estados Unidos y también es uno de los puntos destacados de Nueva York.

Para entender la relevancia de esta apertura del hotel Knickerbocker hay que remontarse a sus orígenes. Su fundador fue John Jacob Astor IV, emprendedor, empresario (y tantos otros cargos que podríamos mencionar) y una de las personas más ricas del mundo cuando falleció en el año 1912. Por entonces su hotel ya había triunfado y le proporcionaba unos ingresos cuantiosos, pero Astor IV tuvo la mala suerte de estar entre los pasajeros del Titanic. Según ha quedado grabado en los registros, Astor fue el pasajero más rico de todo el barco y uno de los más de 1400 que fallecieron. En aquel entonces tenía 47 años.

El hotel quedó entre las pertenencias de Astor IV que fueron heredadas por uno de sus hijos, Vincent, que siempre se mantuvo muy cercano al recuerdo de su progenitor. Pero la administración del Knickerbocker no avanzó como posiblemente lo hubiera hecho de la mano de su fundador. En el año 1921 cerró sus puertas. No hubo un motivo específico para hacerlo. Hay quien acusó a la falta de interés que sufría Vincent por la gerencia del negocio. También se habló acerca de cómo los años 20 habían puesto difícil en términos económicos ofrecer el mismo nivel de buenos precios que había representado al Knickerbocker en el pasado. En cualquier caso, en ese momento cerró sus puertas y comenzó un camino distinto en la historia del hotel.

Como suele ocurrir, aunque el edificio era una maravilla para las empresas y negocios interesados en estar situados en un punto clave de Nueva York, su coste era elevado. Resultaba difícil mantener unas cuentas positivas con el alto precio que suponía mantener este lugar. Cambió de manos de forma constante hasta que encontró una estabilidad de casi 20 años gracias a la revista Newsweek. Esta publicación, una de las más celebres por publicarse desde 1933 (aunque con interrupciones debido a los cambios de tendencias) estuvo en el edificio hasta 1959. Marcó otra buena época para sus instalaciones que seguirían dando saltos hasta que en la década de los 80 el ayuntamiento decidió darle el valor que merecía y convertirlo en un lugar histórico.

Interior del Hotel Knickerbocker

Posteriormente fue cuando resurgió la idea de abrir el hotel e intentar que aflorara el espíritu que había acompañado al hotel a inicios de siglo. El primer pensamiento estuvo en realizar la apertura en 2013, pero era complicado debido a que había que realizar modificaciones en la estructura y al tener título de lugar histórico los arquitectos se encontraron con trabas. La nueva propietaria es la empresa FelCor, una de las especialistas actuales en lo que se refiere a hoteles en Estados Unidos. Su proceso de restauración del hotel ha sido principalmente interior, manteniendo el exterior íntegro por las imposiciones mencionadas del ayuntamiento.

¿Pero qué podemos esperar de esta nueva identidad del Knickerbocker? En 1906 Aston IV lo planteó como un hotel de precios reducidos que pudiera estar abierto a todo el mundo. Los tiempos han cambiado, no cabe duda de ello, pero la nueva dirección del hotel quiere que se intente respetar su esencia, aunque adaptada a la actualidad. Esto implica que ya no vamos a poder reservar una habitación por unos pocos dólares, sino que habrá que gastar un dinero más considerable. Leemos en la prensa estadounidense que el precio por una noche en 1906 era de solo 3,25 dólares. Si nos fijáramos en cómo la inflación se ha ido ajustando, el precio a pagar en 2015 sería de 78 dólares por cada noche. Nos parecería muy correcto, pero ya se sabe que la inflación no es lo único que cuenta en este caso. Así que el coste por noche ha aumentado a 446 dólares. Esto lo hace menos asequible, sin duda.

A cambio, los viajeros tienen unas instalaciones muy clásicas que desbordan historia, pero a las que se les ha dado un toque de lujo para ajustarse a las tendencias actuales. Tenemos Times Square como marco principal del hotel, un diseño muy clásico tipo Beaux-Arts y la experiencia de visitar uno de los hoteles en los que se cree que han llegado a ocurrir hitos en la historia de Norte América (leyendas sobre inventores y personajes históricos, unas más reales que otras).

La nueva encarnación del hotel tiene 330 habitaciones entre las que hay 31 suites. Si tenemos en cuenta que el hotel original tenía 556 habitaciones, notamos que está claro que se ha hecho un trabajo de restauración importante para ofrecer los niveles actuales en cuanto a tendencias en alojamiento. Esta segunda oportunidad para el Knickerbocker se podría materializar con mucho éxito, aunque no sabremos qué opinarán de ello los sucesores de Astor IV.

Vía: The Knickerbocker

 

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